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Los Motivos del Aventurero Extremo Correo electrónico
Eco Challenge
Escrito por Axel E. Alburez, Guía de Ríos   
Eco

Aún así, no cambiaria un fin de semana de aventura por quedarme sentado viendo televisión

En ocasiones, cuando observo desde mi kayak que los rápidos del río que estoy por navegar, pueden tragarse un bus escolar en segundos, o cuando la espalda me pide a gritos que deje la mochila tirada para disminuir el dolor que tengo, me surge una vieja pregunta, ¿y no estaría mejor viendo Betty la Fea o Desperate Housewives  en la tele de mi casa?

Invariablemente la respuesta es positiva. Aún así, no cambiaría un fin de semana de aventura por quedarme sentado viendo televisión. ¿Y entonces? ¿Qué misterio nos motiva a poner nuestra integridad física en juego, a tirarnos desde miles de pies de altura confiando nuestra vida a un paracaídas? o ¿a bucear en las profundidades del mar, dónde un error podría ser fatal?

Unos dicen que los aventureros están locos y locas, otros, que son unos desocupados o que no han madurado.  Cualquiera que fueran sus razones, por mi parte tengo unos argumentos que tal vez los inviten a comprender y a unirse a esa comunidad de “deportistas extremos”.

Por el año 1901 el químico japonés, Jokichi Takamine, aisló la hormona de la adrenalina, que desata capacidades físicas e intelectuales que bajo condiciones normales, ni soñaríamos tenerlas, únicamente la segregamos bajo emociones fuertes o de peligro extremo.

Se afirma que la adrenalina puede llegar a crear adicción en el ser humano y que puede ser la razón por la cual millones de personas en el mundo, diariamente arriesgan sus vidas en deportes extremos; ya sea escalando montes en los confines del mundo bajo temperaturas extremas, o volar en sus mínimos trajes de vuelo, como aves a ras de las rocosas montañas noruegas a más de 150km. x hora. (http://vimeo.com/moogaloop.swf?clip_id=1778399)

Otro argumento, es el que los aventureros están aburridos de la vida. La rutina diaria, de la casa al trabajo, luego al estudio, para después salir con las amigas o regresar a casa con la familia. La diversión se limita a los centros comerciales, al cine, a los restaurantes y bares de siempre.  El futuro está planeado y si no sale bien, que el seguro pague.

Para muchos lo material y hasta de más,  están satisfechos; trabajo, casa, comida, ipod, carros, etc., ¿qué más hay en la vida?. Abres es el chorro y sale agua caliente, metes la cabeza en la refri y tienes comida, ¿a dónde se fueron el riesgo y  la incertidumbre?.  Quizás eso es lo que buscan hombres y mujeres que corren los fines de semana a los ríos, a las motos súper rápidas o las obscuras cuevas de nuestro país, para revivir las sensaciones humanas que se mueren con el exceso de vida urbana, quieren experimentar hambre, frío, calor, velocidad, vértigo, ¡quieren vivir!.

Y para quienes gustan de las justificaciones científicas, existen estudios que explican con amplios argumentos el deseo de los aventureros de estar al aire libre, la Teoría de la Biofilia. Esta requirió el trabajo de los reconocidos Doctores Stephen Kellert y Edward Wilson (Biophilia, 1984) de las universidades de Yale y Harvard respectivamente,  por la cual recibieron premios de alto nivel académico. El Dr. Wilson concluyó que “ …el ser humano tiene una profunda necesidad biológica de conectarse e interactuar con el mundo natural, en favor de su propio bienestar y salud mental.” ¿me pregunto si me darán un premio por presentar la fórmula del agua azucarada?.

Igual que ellos, profetas y sabios desde tiempos antiguos han arribado a  la misma conclusión, El concepto de la necesidad del ser humano de interactuar con su medio ambiente, no es nuevo, las distintas culturas lo han reconocido, tal como se menciona en El Corán 6:38 “No hay criatura que camine en la tierra o vuele con sus dos alas que no forme una comunidad igual que vosotros”. (traducción libre al español). O como lo expresó uno de los últimos jefes Suquamish al presidente de los Estados Unidos en 1854 en su intento por detener la compra de sus tierras “los nuestros nunca se alejan de la tierra, que es la madre. Somos un pedazo de esta tierra; estamos hechos de una parte de ella. La flor perfumada, el ciervo, el caballo, el águila majestuosa: todos son nuestros hermanos...”.

El intercambio cultural también puede justificar el comportamiento de los aventureros, quienes salen de su entorno diario para llegar a puntos geográficos donde la cultura a la que están expuestos es totalmente diferente a la propia, donde la aceptación y respeto por las costumbres locales deben ser norma de comportamiento y en casos extremos, de sobrevivencia.

Algunos aventureros habrán sido  vistos casi que como “seres de otro planeta” o simplemente como “invasores constructores de hidroeléctricas” en las comunidades más apartadas de nuestro país, lo que ha puesto en riesgo muchas veces su integridad física. En alguna manera la aventurera se vuelve embajadora y aprendiz cultural al mismo tiempo, debiendo ser hábil en el manejo de su relaciones interculturales, ya que de ello puede depender el éxito o el fracaso de la expedición.

En lo personal, el deseo por la aventura y los deportes extremos tienen una poderosa justificación, difícil de explicar  con palabras, pero fácil de entender cuando al final del día te encuentras en la cumbre de un volcán, divisando como el día rehúsa con destellos de luz amarillos, púrpuras y anaranjados, dar lugar a la apacible noche y  sus brillantes compañeras nocturnas. Creando un espectacular atardecer que hace olvidar los esfuerzos y dolores físicos requeridos para llegar a ese destino.

En ese momento, luego del extenuante trabajo físico, después de haber caminado a la orilla del precipicio, de haber roto los propios paradigmas y aún con restos de la última descarga de adrenalina que el cuerpo generó, es cuando surge una sensación de  satisfacción y  realización que proporciona autoestima, felicidad y paz interna.

Por ello es que  el deseo de explorar, dormir al aire libre, volar por las alturas, caminar por las montañas, cañones y  volcanes, es una llamada de la Pacha Mama que todas las mujeres y hombres llevamos dentro. No es locura, ni cosa de desocupados, como algunos dicen; más bien es un reencuentro con nosotros mismos, nuestros semejantes, con la Madre Naturaleza, con nuestro espíritu e incluso como suelo vivirlo, con el Ser Supremo. A esto, es a lo que realmente somos adictos los aventureros.

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Carlos Jolón  - aventurero extremo |28-04-2009 19:09
Estimado Axel,
felicitaciones por tan buen artículo, en realidad con sus
palabras describe el verdadero sentimiento de un aventurero.
en realidad no hay
mejor sensación como la de estar frente a un montaña, volcán, río, lago, o
simplemente cerca de un barranco en el que podemos sentir esa pasión por la
libertad y la emosión de saber que estamos en contacto directo con la
naturaleza.

felicitaciones, continue adelante.
atte.
 

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