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Todos tenemos un punto de luz dentro de nuestro ser, que nos conecta y nos hace parte de lo Divino, lo que concebimos como Dios. Por mera transitividad, nos conecta con nuestros semejantes, haciéndonos hermanos, nos conecta con todo lo que existe, animal, vegetal, mineral, espiritual haciéndonos uno con toda la creación. De una forma ineludible nos conecta con la belleza y principalmente con nuestra propia grandeza...
¿Por qué sucede esto? Pues es muy sencillo, porque ese punto de energía no tiene Ego, y por ende no tiene barreras, ni distinciones, ni apegos, ni individualidad y por ende no tiene miedo. Es total integración y total entrega, con nosotros mismos, con los demás y con el todo.
Cuando un ser humano, vive en contacto con su centro de energía, léase con su luz interior, vive con certeza y con paz, vive sin miedo y se entrega con todo a todo en lo que se involucra.
Cuando vemos a un ser humano que vive de esta manera (la única manera de real vivir), algo se mueve dentro de nosotros, pues por mucho que la olvidemos, por mucho que la sepultemos bajo toneladas de miedos, acuerdos negativos y estereotipos de muy diversas clases, nuestra luz SIEMPRE sigue allí, dentro de nosotros, conectada a los demás y principalmente conectada a aquellos que brillan sin miedo, por eso es que todos amamos a los héroes, los mártires, los santos y los verdaderos líderes, pues en ellos nos encontramos a nosotros mismos y a nuestro puntito interior de luz y grandeza.
Esa luz, ese punto de energía divina interior nos habla cada día con un lenguaje abstracto, un lenguaje sin palabras, diciéndonos dónde está la luz y dónde la oscuridad. No necesitamos una religión ni textos ni reglas o mandatos escritos para saber discernir un acto de luz de un acto de oscuridad, un acto de entrega de un acto egoísta, donde está la armonía y donde está el miedo, la angustia y la culpa. Es la brújula que nos indica en qué dirección se encuentran el actuar integro, la entrega con amor, la responsabilidad y la lucha con coraje.
Coraje no es la falta de miedo, coraje es la certeza de que en el futuro y en la verdad radica una dicha tan grande, que merece la pena pasar por lo que sea, para que la verdad prevalezca, para que la luz y el amor subsistan a cualquier amenaza.
Nuestro ego y nuestra mente manipulada por éste, nos mandarán todo tipo de pensamientos saboteadores para alejarnos de la grandeza y bajarnos a este mundo y sus preceptos materiales. Pensamientos de codicia, vergüenza, miedo al fracaso, miedo al ridículo, etc. Nos serán enviados intensamente por el ego, a fin de que abdiquemos de nuestra misión y nuestro papel de grandeza e integridad, pues mientras más luz, grandeza e integración vivamos, mas y mas estará muriendo nuestro ego, y más y más nos estaremos alejando de "el sistema" de vida que aun vivimos, el cual no esclaviza precisamente a través del los miedos y las adicciones de nuestros pobres egos.
Guatemala, como el resto del mundo, está enferma, pues sus hijos los guatemaltecos estamos enfermos del ego, y nosotros somos Guatemala. Si nosotros estamos enfermos nuestro cuerpo integral de nación está enfermo, si nuestra visión de la vida esta torcida y oscurecida por nuestros egos, la vida que vivimos como colectivo, estará llena de pasajes torcidos y oscuros de desintegración, violencia, competitividad caníbal y en una palabra, miedo. El narcotráfico, la corrupción, el abuso, la pobreza, la falta de solidaridad y de amor, son solo la materialización del pensamiento colectivo de todos los guatemaltecos.
Gastamos más dinero en "razor ribon" que en rescatar niños de la calle (el párvulos de las maras), gastamos más dinero en campañas contra el SIDA que en darles a las pequeñas prostitutas callejeras una alternativa de vida, gastamos más dinero en guaruras que en brindar soluciones a los desempleados que tarde o temprano se ensañan contra un gobierno y una sociedad que no dan un quinto por ellos, su bienestar y su dignidad como seres humanos.
Preferimos doblarnos ante un sistema oscuro y corrupto que enfrentarlo, pues haciéndolo no solo nos exponemos al ridículo sino nos exponemos a perder la vida.
Esta carta editorial está dedicada con total respeto y admiración a la memoria de Rodrigo Rosemberg, quien sin proselitismo de ningún tipo nos dio un claro ejemplo claro de cómo vivir en la luz, y como vivir sin miedo, logrando trascender mucho más allá que aquellos que por miedo a perder su vida y su estatus, la perderán finalmente pero sin ninguna trascendencia ni legado real al mundo en el cual vivieron.
La trascendencia de la muerte de Rodrigo, no debe medirse según lo que pase en el MP, en la CICIG, ni en los tribunales, la verdadera trascendencia de su muerte, ¡el verdadero legado debe medirse por lo que pase dentro de usted! Dentro de su corazón y su alma, ahora mismo. No es nuestra responsabilidad personal hacer justicia, hacer cacería de brujas en tribunales, pues existen ya entidades para ese fin, pero si las personas, los individuos que trabajan en dichas entidades no viven en la luz y en la integridad, simplemente no habrá justicia. Nuestra responsabilidad personal se centra en vivir vidas llenas de luz y conectadas con nuestra propia grandeza, lo cual en su momento propiciara los cambios necesarios en los que nos rodean.
Si los padres viven en la luz y la integridad, sus hijos tarde o temprano lo harán, si los amigos viven en la luz y la integridad, tarde o temprano los amigos de los amigos y cada uno de nosotros mismos lo haremos, porque la oscuridad no acaba con la luz, pero la luz siempre acaba con la oscuridad. Inclusive el que ha perdido su alma podrá encontrarla si vive dentro de una sociedad de luz, que no solo busca castigar al malhechor sino más bien busca que se convierta perdonándolo y reintegrándolo. Porque hasta el malo más malo, no es más que un bueno que se perdió en el sistema oscuro en el que vivimos, y aunque tenga que pagar sus culpas de índole legal (porque el perdón del alma no significa amnistía legal), merece nuestro perdón, como lo merecemos todos.
La suma de todas las pequeñas luces que llevamos dentro, es el perdón de Dios, pues Dios somos todos al integrarnos. Si nosotros no sabemos perdonar, el malhechor jamás podrá convertirse y nosotros mismos buscando la venganza solo seremos una lado más de la oscuridad, disfrazados de luz, una luz que juzga y no perdona, una luz falsa que señala y no se integra, sino que rechaza y condena buscando regresar el dolor y no buscando la integración en armonía.
Estoy plenamente convencido que un hombre tan integro y robusto como Rodrigo ya perdonó a sus propios asesinos. Esto no significa que no deben pagar por sus actos, pero si significa que no podemos perder de vista que hasta esos malhechores no son más que hermanos nuestros que se perdieron en la oscuridad y que no perdonarlos en nuestros corazones solo nos hace parte del problema y no de la solución.
Vivimos en una nación de seres de luz y grandeza, opacados por el miedo. Pero nuestra falta de coraje no se manifiesta en las caminatas, ni en los tribunales, nuestra falta de coraje se manifiesta en la demora continua de nuestra decisión de ser grandes, no buenos, si no grandes, nobles, soñadores de grandes logros en pequeñas acciones.
Se nos ha dicho hasta la saciedad que el cambio más necesario es el cambio en nosotros mismos, pero no se nos ha dicho que cambiar ni cómo hacerlo de forma específica. Se nos ha dicho que la muerte de Rodrigo debe servir para un gran cambio, pero pocos saben cómo ayudar a que este se dé y cuando.
Sirva la muerte de Rodrigo como un "wake up call". Un despertador de nuestra propia grandeza y sirva esta carta editorial para darle a usted una idea de cómo iniciar este cambio:
- Entienda que su espíritu es puro, no importa los actos de su cuerpo y su mente, los cuales son susceptibles de perderse y corromperse.
- Trate de estar en silencio e identifique los sentimientos más puros de su espíritu. Todos somos hijos de Dios, todos somos seres de luz y no importa como haya vivido hasta ahora, su luz aun esta allí, si no estuviera, usted ya estaría muerto.
- Reconozca la voz de su corazón y la voz de su grandeza. Esa es la voz que le guiará hacia la dicha y la felicidad verdadera, la paz.
- Tenga coraje. Coraje no es NO tener miedo. Coraje es tener la certeza de que siguiendo a su corazón, le espera la dicha y la paz eterna, algo no comparable con la pobre propuesta de bienestar con la que este mundo pretende seducirnos cada día.
- Siga esa voz y actué con coraje, congruentemente con lo que su alma y su corazón le dicten. Conciba un sueño, lo más lindo que se le pueda ocurrir, no tenga miedo si parece muy grande e inalcanzable, y entréguese a lograrlo, con la ayuda de todos. Pero, aprenda a pedir ayuda sin vergüenza y sin ego.
- Perdónese y quiérase a sí mismo y perdone y quiera a los demás. Todos somos iguales, pero hemos tenido vidas muy diferentes y nadie puede ser juzgado espiritualmente por nadie.
- Ponga atención en los pequeños detalles, los detalles son como las hebras de un lazo, cuando se llega a tener suficientes, el lazo es indestructible. Si es hay luz en sus detalles no habrá forma de perderse en la oscuridad.
- Recuerde que ningún jefe, ni empresa, ni sistema estará al final de la noche dándole paz a su alma cuando cierre sus ojos. Allí estará usted solo con sus actos y sus recuerdos, con su luz y su grandeza o bien con su oscuridad, su miedo y sus actos. Nadie puede decirle como actuar, solo usted decide y afronta las consecuencias dentro de su alma y de frente a Dios.
- No venda por cosas materiales lo que es sagrado. Sus pensamientos y sus actos son su vida y su más valioso tesoro. No hay cantidad que pague el usar su vida para fines oscuros.
No hay una guerra que pelear, no hay una gran cruzada que seguir, la muerte de Rodrigo es el campanazo que nos debe hacer despertar con el ejemplo. El día que como Rodrigo todos estemos dispuestos a morir por nuestros valores y nuestra luz interior, aunque muchos muramos, Guatemala habrá renacido, como una tierra de seres ilustres, de seres de luz, seres de amor. Estamos en un momento de profunda oscuridad, lo cual se traduce también en un momento de gran oportunidad, personal, familiar, nacional y global. Pero todo comienza aquí y ahora, dentro de su alma y su corazón.
Honremos la memoria de un hermano guatemalteco que tomo la oportunidad y que vivirá siempre en nuestros corazones como un ejemplo de la grandeza humana cuando se vive si miedo, en la luz y la integridad.
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