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Hola hij@, te escribo desde un lugar que aunque no existe siempre ha estado allí..., "en algún lugar". Es un lugar oscuro y lleno de luz a la vez. Te escribo desde mis ojos cerrados, desde el fondo de mi corazón y el centro de mi alma, un lugar que aunque no pareciera existir, allí esta siempre. Contigo dentro de él, contigo fuera y contigo en todas partes.
Te escribo para recordarte varias cosas que jamás deberás olvidar. La primera, hij@ mí@, es que en algún momento que no recuerdas, tú me escogiste para hacerte llegar a esta vida en la cual estas ahora leyendo mis pensamientos. Lo primero que quiero decirte es lo mucho que te agradezco haberme escogido. Fue tu decisión y la tomaste porque yo podía enseñarte algo que tú tenias que aprender. No se si ya lograste aprenderlo, pero en todo caso, muchas cosas han pasado, otras tendrán que pasar y las lecciones que yo debí y aún deba enseñarte, son solo lecciones, no hay buenas ni malas, y mi papel no puede ser juzgado con base en leyes ni reglas ni "modelos de papás", es más, no puede ser juzgado, solo puedes aprender lo que había que aprender de nuestra relación. Lo que tenías que aprender de mí, no te lo podía enseñar otro, por eso me escogiste.
Ten presente que lo que pude darte y lo que no logre darte, no tienen relación con lo que tú te mereces, pues tú te mereces todo lo bueno que se pueda concebir en esta vida, lo que te di esta relacionado con mis alcances y mis limitaciones en esta existencia en la que fui tu padre, y eso no es tu responsabilidad, es solo lo que yo pude ser y ofrecer, cargando con el bagaje de la vida en la que nací y viví siendo tu padre.
La segunda cosa que quiero recordarte es para qué viniste aquí, a ésta vida y a éste cuerpo que habitas temporalmente. Mi amor, viniste a ser feliz y crecer aprendiendo. No lo olvides jamás y no dejes de hacerlo jamás, ambas cosas, ser feliz, aprender y crecer. Si yo he sido un obstáculo o un facilitador, no importa. Tu misión sigue siendo la misma y yo soy únicamente alguien que tenía que enseñarte algo acerca de cómo lograrlo.
La tercera es una lección clara y vital para el resto de tu vida: nadie puede decirte lo que puedes o no puedes hacer, lo que debes o no debes hacer, nadie puede decidir por ti, tu meta, tu camino ni mucho menos tu forma de caminarlo. El poder más grande que recibes al venir a este mundo es tu poder de decidir y tu más preciado recurso es tu "aquí y ahora" pues ambos son el espacio y el momento en que lo ejerces, es decir el momento y el espacio que decides todo, lo que quieres, lo que va, lo que no va y cómo irá, todo lo decides tú, en tu "aquí y tu ahora", siempre, cada día, cada segundo.
Admira la gente que vive ejerciendo ese poder, no admires a los que no se equivocan, pues ellos no existen. No admires a los que no toman decisiones pues la vida se les pasa tristemente temiendo no cometer errores cuando el peor error es precisamente no decidir tu vida de la forma que tú la sueñas (no de la forma que otros la quieren o la suponen).
Admira a los que deciden, cometen errores y luego cantan sin vergüenza ni pena porque los cometieron, que aprendieron y como vivirán mejor su futuro.
Sigue siempre lo que siente tu corazón, no sigas a tus palabras ni a los pensamientos que las organizan. Suenan más lógicas pero están adulteradas por los pensamientos de los demás y la miles de reglas equivocadas que este mundo nos enseña desde que nacemos.
Sigue aquello que te hace sentir paz y dicha en el centro de tu ser, sigue a tu corazón, solo tu corazón recuerda tu Contrato Sagrado pero no sabe hablar para decirte cual es, solo tu corazón está limpio de la mala programación y el ruido de este mundo. Confía ciegamente en él, siempre. No habla pero te hace sentir, como una brújula muda que te lleva a tu felicidad, a tu destino real.
Reír, llorar, ganar, perder, estar solo, estar acompañado, ser próspero y estar quebrado, son todas estaciones de la vida, siempre vendrán y siempre pasaran, siempre tendrás que lidiar con ellas con paz y con sentido de propósito. No les huyas pues tan inútil es como el hecho que un agricultor le huya al invierno o al verano, siempre los habrá y el agricultor siempre será agricultor, como tú, solamente que tu cosecha es aprender, crecer, y "ser feliz" deberá ser tu manera de sembrar y cosechar.
No hay error que te haga indign@ de mi amor y mi perdón, no hay error que te haga indign@ de tu amor por ti mism@ y tu propio perdón, el cual es inmensamente más valioso que el mío y el de cualquiera.
Si al cometer un error, por grave y aberrante que pudiese parecer, lograste aprender la lección encerrada en el acto de cometerlo, se feliz, porque aprendiste y porque serás mejor con ello. Si los que te rodean no pueden verlo y no pueden perdonarte, perdónate tú y sigue tu camino feliz y content@, pues ya habrá otros que serán felices contigo, con la persona que aprendió y creció, con la/el mejor.
El penúltimo recordatorio se trata de amar y a quien amar, sea esta persona un hombre o una mujer. Ama a quien no te pida ser alguien que no eres, ama a alguien que no te pide algo a cambio de su amor. Ama a alguien que quieras amar sin pedirle nada a cambio, de igual forma. Promete únicamente, no prometer nunca nada que no se pueda cumplir "aquí y ahora" y entrega con toda generosidad "tu aquí y tu ahora" que es tu máximo tesoro, a quien te lo entregue a ti, sin canjes. No hay nada material que sustituya el "aquí y el ahora" de la persona que amas, no hay ayuda ni apoyo material que sustituya dos o tres minutos de amor y de ternura o una llamada inesperada solo para escucharte. Y de la misma forma, nunca trates de sustituir tu amor y tu ternura, tu "aquí y tu ahora" con algo material.
Di te amo cuando lo sientas, no importa si le parece justo, correcto o apropiado a otros. No digas algo que "pretende" decir te amo, di "te amo". No existen sustitutos para esa frase y menos para ese sentimiento. Di "te amo" cuando eso sea la forma de seguir viviendo feliz, di te amo cuando ames, no importa que, la que gana serás siempre tú. Di te amo cuando sepas que no te importa lo que escucharás en respuesta, pues ese es el "te amo" legítimo, el único que vale la pena decir. Si la respuesta aún te importa mucho, no lo digas, aún no es un "te amo de verdad, del corazón".
Ama todo lo que puedas. Eso solo te hará grande y fuerte. Ama a la vida a través de las personas que ésta te presenta y no esperes algo a cambio de tu amor, lo que has dado siempre retornara con creces, pero nunca sabrás cuándo ni dónde lo recibirás. Lo único que sabes es que si no das, nunca recibirás. Dar y recibir amor, no es una transacción o un trueque de corto plazo, es un proceso largo, pero que jamás falla. Mientras más das, más recibirás, es solo cosa de fe y paciencia.
Para terminar te quiero decir que hacer cuando yo ya no este cerca de ti, cuando siga mi camino y deje este cuerpo en la que ahora descanso, solo búscame dentro de ese lugar desde donde te escribo hoy. Ese lugar oscuro y lleno de luz dentro de ti, el centro de tu alma y tu corazón. Por que allí vivo yo, y allí vives tú. Ese es el lugar donde todos los seres humanos somos vecinos cercanos, pero más que nadie lo somos tú y yo, mi hij@ amad@, mi cielo y mi más grande amor.
Recuerda esto siempre, de una forma fácil y sencilla, recuérdalo con un "te amo y se feliz siempre", y cuando lo olvides por los "va y vienes" de la vida, no te preocupes, que con solo cerrar tus ojos yo siempre estaré allí, dentro de ti, para recordártelo.
Mi hij@ amad@, mi eterno amor.
Tú papa.
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