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Carta Editorial - Gaia, la Madre Eterna Correo electrónico
Carta Editorial
Escrito por Fernando Valdez   
Gaia, la Madre EternaPara quienes se preguntan “¿Cuál es mi sueño más alto y más bello?, ¿Cuál es mi Contrato Sagrado?”, no desesperen, que cada día que aprendemos a callar a nuestro ego, cada día que comenzamos a ser más conscientes de los dos mundos en los que vivimos, y cada día que vivimos con menos miedo de dar, de amar y de integrarnos, nos acercamos a nuestro Contrato Sagrado. Hasta el día que éste se ponga justo en frente de nuestras narices y sea completamente ineludible. Recientemente, impartiendo un seminario sobre el Contrato Sagrado, léase, esa misión personal e “ineludible” con la cual nos comprometidos ante lo Divino antes de ser empacados en el cuerpo que habitamos, surgían en la discusión varios ejes que cruzaban ese punto crítico en donde nalmente nos detenemos y libres de “la mala programación de este mundo y el ego” nos preguntamos a nosotros mismos:

Si realmente mi compromiso esencial no es necesariamente el de lograr mis sueños, sino más grande aún, es tener el valor de entregar mi vida a ellos, ya sea que se logren o no…, tratar y luchar sin las vergüenza y arrogancias del ego…

Si realmente un Contrato Sagrado siempre contará con la conspiración y la complicidad del universo a mi favor… Si un Contrato Sagrado debe tratarse siempre de DAR y de integrarnos… Si el hilo que me conduce a este Contrato Sagrado es la derrota de mis peores miedos, la entrega a mis más grandes sueños sin ego, es decir mis anhelos más nobles en benecio de otros, mi grandeza y mi Divinidad proyectada en los que me rodean…

Entonces, ¿cuál podría ser el sueño más bello que yo puedo concebir y al cual entregar las energías de lo que me resta de vida? Yo jamás me atrevería a darle a alguien una respuesta especíca para esta pregunta, ni siquiera una sugerencia, sin embargo haré contigo algo muy sutil: darte información y quizás motivación.

¡Aquí voy! Acabamos de celebrar el 10 de Mayo, y seguramente aún tenemos en la mente, el corazón y en el alma, el eco de las palabras de amor, los besos y abrazos ofrecidos a Mamá. No importa que Mamá ya se haya ido (como en mi caso) o que Mamá este distante, estamos programados para sentir y honrar su presencia y su amor los 10s de Mayo (ojalá estuviéramos programados para hacerlo más frecuentemente). Escribimos poemas (les recomiendo leer en Los 100 Pensamientos el escrito por Glen Morales), compramos ores, vamos a restaurantes y hacemos cientos de esfuerzos por agradar a ese ser divino que nos regalo la vida.

¡Ups! Pero a lo largo de nuestras vidas se nos suele olvidar hacer esto con otra Madre. ¡¿La abuela?! No. GAIA.

¿Quién es Gaia? Gaia es nuestra primera y última madre. Nuestro cuerpo está hecho de exactamente la misma materia que el de ella, aunque su piel a veces es mas áspera que la nuestra y a veces es mas tersa. Gaia sabe lo que necesitamos y nos lo ha dado desde que existimos, a través de sus pezones verdes, azules, rojos y de miles de tonos bellos con los cuales alimenta nuestros cuerpos, nuestras almas y nuestros corazones. Gaia sabe darnos consuelo cuando estamos deprimidos, mostrándonos y regalándonos su belleza pura, sin tarifas altas ni buenos precios. Una orquídea o una rosa, mandarinas y bananos, una rana muy exótica o un primo mamífero (talvez un Mapache, un Panda o un Tigre) disfrutando a sus hermanos. Como cuando éramos chicos y Mamá nos reunía para que jugáramos juntos disfrutando en armonía. De esa misma forma, Gaia, la gran madre trata y trata de sentarnos, para que juguemos como hermanos “compartiendo” sus regalos.

Si analizan con cuidado, Gaia no es menos madre que nuestra madre biológica, de hecho es tan “mi madre” como la que me trajo al mundo, pues sin el amor de las dos, mi existencia simplemente “no hubiera sido”.

Ahora bien, después de ver a la Madre Naturaleza y a nuestro planeta desde esta perspectiva, y recordando las preguntas al Contrato Sagrado relativas, me atrevo a expresarle, querido amigo y querida amiga, que si buscamos sueños altos para entregar nuestra vidas, esta existencia ofrece millones de bellas alternativas.

Y si no encontramos fuerzas para grandes cruzadas masivas, lean el artículo de Pamela González en el cual se nos ofrece una manera de ser mejores hijos de Gaia, con pequeños cambios en nuestras vidas.

Los invito nalmente a leer con detenimiento el artículo publicado en la sección Amuk en la Tundra, donde Leonardo Bo (uno de los lósofos y pensadores mas iluminados de todos los tiempos) trata el tema aberrante de cómo los hijos pueden estar miopes y no solo no poder ver y reconocer a su madre, sino mas bien atacarla y agredirla al punto de amenazar la subsistencia y el futuro de todos.

Ojalá, que ese día en que nos entreguemos con todo nuestro ser a nuestra “gran causa”, nos acordemos de Gaia, quien por millones de años se ha entregado a nosotros como lo hace una madre, sin regatear, siempre con amor y sin pausa.

Fernando Valdez,

Director General

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