|

Habiendo dejado atrás el mes en que se celebró el Día Internacional de La Mujer, es la intención de Revista Vivir rendir un tributo y homenaje a este SER tan especial. El único SER que por designio de La Madre Naturaleza sirve de puente entre los dos planos de existencia que conocemos con certeza, el espiritual y el material. La Mujer es el único puente que puede traer almas de un plano a otro, el único capaz de darnos los dos regalos más grandes y bellos que tenemos: la vida y nuestros hermanos (de sangre, de especie y de esencia, es decir de alma), nuestros amigos, nosotros mismos, todos los que somos y todos los que estamos. Todos estamos aquí y somos, “alguien”, gracias a Una Mujer.
Sin negar jamás el aporte y el role del hombre en el milagro de la vida, no podemos dejar de maravillarnos por la nobleza y la divinidad implícita en la concepción del ser llamado: La Mujer. Su belleza natural, sea esbelta, obesa, rubia, morena, blanca, negra, alta o baja, su nobleza natural y su vocación igualmente natural de dar, de cuidar, de recolectar para después administrar y compartir entre todos nosotros, lo hijos. Su capacidad de comprender y de sentir compasión por sus hijos y por los demás, y su buen juicio (o su capacidad de no juzgar) y su capacidad de perdonar aun en situaciones extremas, no debe pasarse por alto y menos dejar de admirarse, y de una manera ritualista y muy espiritual, agradecerse. No es la tesis de esta carta editorial, negar la existencia de mujeres que por la mala programación a que nos somete “este mundo diseñado por hombres” están mal programadas, adulteradas en su naturaleza y por ende actúan como muchos, presas de la ambición y despojadas de sus “dones naturales de su condición de mujer”. La existencia de la mujer adulterada por este mundo confundido y mal enfocado es innegable, y de eso podemos dar fe los guatemaltecos en este momento de nuestra historia. Sin embargo, es nuestra tesis, afirmar que este SER, tiene por naturaleza y de forma muy generalizada dones especiales, una luz y una capacidad de entendimiento abstracto de nuestro dolor y nuestros miedos y una compasión abundante y generosa, no intelectual, ni racional, ni aprendida, es natural. En dos palabras, un: “don divino” propio de su condición, que la hace centro y no accesorio, que la hace hogar y no morador, que la hace consuelo y no víctima, por mas injurias, ataques y agresiones a las que se vea sometida. ¿Cómo puede un ser humano, del género que sea, agredir a otro? Y aun más aberrante aun, ¿agredir a otro que tenga útero, busto y pezones, que representan el templo divino de nuestra especie? El karma de ese acto, es algo que no puedo ni siquiera digerir mentalmente. Pobre desdichad@ el que ha pasado por ese role de victimario-agresor de una mujer. Por siglos, las leyes de los hombres las ha puesto en un lugar secundario, de complemento, de recurso y no de fin. Lo mismo hemos hecho con La Gran Diosa Madre, la Naturaleza, cuando las empresas de hombres la han percibido como un recurso explotable y no como un fin, un templo al que se debe atesorar. Las consecuencias de este línea de acción son obvias: estamos muy cerca de arruinar el planeta y por ende nuestras vidas y las de nuestra generaciones futuras. Hemos puesto a la mujer en un plano secundario (del cual gracias al cielo sale a pasos cada vez mas acelerados) y hemos tomado decisiones diseñando poco a poco un mundo basado en la búsqueda de utilidades, competencias materiales y el acaparamiento de cosas y no de virtudes (tener mucho y no ser mucho), el cual nos ha llevado a una sociedad caníbal e indolente donde no se vive, se sobrevive, donde no se comparte, se compite, y donde no se solidariza, sino que se siente miedo y por consecuencia se defiende. El mundo diseñado por los hombres solos (los hijos del ego). Es pues, la tesis de esta revista y esta carta editorial, la de re-pensar el role de la mujer en nuestra existencia, y revaluar para nuestro propio bienestar (el de los hombres) y no el de ellas (pues a ellas NADA les quita lo que es suyo por herencia divina) su importancia espiritual, física y su verdadero role funcional en nuestra sociedad. Es la propuesta de esta revista y de su servidor, pensar como sería un mundo donde el timón lo compartiéramos por igual hombres y mujeres, donde las decisiones críticas fueran cargadas de su compasión y su amor, y no solo de nuestro ego y ambición natural de hombre (la cual pudiésemos en un momento dado justificar por nuestro role ancestral pero no determinantico, de proveedor). Es nuestra propuesta para el nuevo hombre que poblará la tierra, pensar al menos, ¿cómo hubiera sido el mundo si Adolf Hitler hubiera sido Ada Hitler, si Gengis Khan hubiera sido Siam Khan, si George Bush hijo hubiera sido Georgette, y si las conquistas de América y tantos otros territorios conquistados, hubieran sido en otra realidad, invadidos hordas de “recolectoras organizadas” y no saqueadores, con el sable en la mano y el alma olvidada por completo? ¿Creen ustedes que tantas almas se hubieran perdido con tanto dolor? ¿Creen ustedes que existirían hoy tantas heridas aun sin sanar? ¿Creen ustedes que vale la pena seguir viviendo así, con la voz del amor y la compasión amordazadas por una concepción estúpida, machista y obsoleta de “lo que es” y “lo que no es” ese ser sublime (La Mujer), por quien estamos parados aquí respirando y gozando de este tierra divina y sus encantos? ¿Creen ustedes que tiene sentido seguir violando a La Madre Naturaleza para que podamos tener autos mejores, casas más grandes y vacios existenciales cada vez mas abismales precisamente por habernos olvidado por completo de nuestra socia y compañera en esta tierra, la mujer y de nuestra primera y última madre, La Naturaleza? Es la tesis ultima, la que cierra esta carta editorial, afirmar que efectivamente, si podemos, nosotros los hombres, ser mejores, ser mas amigos, más respetuosos, ser mas socios y compañeros, si llegamos de forma más profunda a entender el VERDADERO role y lugar de la mujer y la naturaleza, en esta existencia que nos ha tocado vivir y comenzamos a actuar de forma congruente con ese entendimiento adquirido, en bien de todos.
|