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No tengo miedo de perderte, porque se bien que no eres mía. No tengo miedo de enamorarme de ti, pues ya te amaba desde antes de encontrarte de nuevo en esta tierra. No tengo miedo de expresarte mi amor, si de todas formas mis ojos te lo gritan cada vez que se encuentran con los tuyos. No tengo miedo de tocarte, porque se que tu aura crece y me da la bienvenida cuando se mezcla con la mía.
No tengo miedo de sufrir por no tenerte, pues más que recibir quiero darte. No tengo miedo de no poder darte, pues he aprendido a darte sin tenerte. No tengo miedo de que me rechaces porque no estoy proponiéndote nada. Mi único miedo, que nunca sepas que dentro de mí habita un alma, que viene de la fuente en donde se formo la tuya, que vibra en tu misma frecuencia y que junto a la mía se vuelven esencia; Que se emociona y brilla con solo pensar en ti; Que se exalta de dicha y se duerme de paz al mismo tiempo, cuando compartimos el mismo espacio y un mismo momento; Que su junta con la tuya, cuando a mis sentidos llega una caricia del viento, un nota de música, el olor del incienso, una flor o el cosquilleo que queda en el alma cuando ves pasar una estrella cruzando el firmamento; Que al cerrar lo ojos, esta mas cerca y mas dentro de ti que tu propia ropa y que tu aliento; No tengo miedos, ni prisas, ni dolores, ni sufrimiento, pues vengo cargando desde más de cien vidas para ti, cien toneladas de amor y de energía. Talvez no sea en este nuestro tiempo, ni en esta vida desde la cual te estoy escribiendo, pero te las seguiré guardando y las seguiré sintiendo, hasta que puedas recibir de mi, no solo mi amistad, en algún lugar y en algún tiempo, seremos uno, como dos ráfagas de viento.
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